Además de ser un probiótico natural, la levadura de cerveza cuenta con un alto contenido en betaglucanos que contribuyen a mejorar la digestión
- La clave de su beneficio se centra en tres cuestiones: que los microorganismos no se destruyan con procesos como el lupulado y el pasteurizado; la concentración real de probióticos, que debe ser destacable para aportar el efecto deseado; y el papel nocivo que el alcohol juega en la salud
- Los estudios apuntan que los estilos ácidos, como las Lambic o las Sour, son los más destacados en lo referente a probióticos debido a su proceso de fermentación
Los probióticos son microorganismos vivos que están presentes en algunos alimentos y, administrados en las cantidades adecuadas, contribuyen al mejor funcionamiento de la microbiota. Estos aliados de la salud intestinal ofrecen beneficios para quienes los consumen como la regulación del tránsito, el fortalecimiento del sistema inmunológico o la prevención del colesterol y la hipertensión, entre muchos otros.
La dieta mediterránea, considerada por consenso un tesoro nutricional, está compuesta por alimentos ricos en probióticos, como el pan de masa madre, los yogures o el ajo. Además de estos, en los últimos años se ha popularizado el consumo de productos como el kéfir, la kombucha o el miso gracias a sus positivos efectos para la salud.
Todos ellos comparten la misma característica, son alimentos fermentados, un rasgo distintivo con el que también cuenta la cerveza. Por ello no es de extrañar que estén proliferando las investigaciones que evalúan sus efectos positivos en la flora intestinal.
Los beneficios son de sobra conocidos, ya que la levadura de cerveza además de ser un probiótico natural cuenta con un alto contenido en betaglucanos que contribuyen a mejorar la digestión. No obstante la clave, como asegura Julio Cerezo, Beer Sommelier y director de Sabeer Academia de la Cerveza, se centra en tres cuestiones: que los microorganismos no se destruyan con procesos como el lupulado y el pasteurizado; la concentración real de probióticos, que debe ser destacable para aportar el efecto deseado; y el papel nocivo que el alcohol juega en la salud.

Avalado por investigaciones
El estudio «Alianza entre el microbiota intestinal y la cerveza: una discusión sobre la inmunomodulación mediada por la cerveza a través del microbiota intestinal» asegura que, como bebida fermentada de gran tradición, la cerveza «es rica en muchos aminoácidos esenciales, vitaminas, oligoelementos y sustancias bioactivas que participan en la regulación de muchas funciones fisiológicas humanas». No obstante, como hemos anticipado el trabajo subraya también el efecto nocivo del alcohol, que puede provocar «daños tisulares graves y lesiones orgánicas». Ante esto, la investigación pone el foco en el control del consumo de alcohol dentro de los «límites seguros» (un concepto muy cuestionado) para que los nutrientes de la cerveza y los efectos combinados sobre la microbiota intestinal tengan «un efecto positivo en la regulación de la función inmune humana».
Es por ello que los autores aseguran que la cerveza baja en alcohol podría utilizarse «como regulador microecológico o incluso como terapia alternativa para enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes y la obesidad», apuntando en la necesidad de nuevas investigaciones al respecto.
De una de ellas se hace eco Marta García Palancar en su trabajo «Bebidas fermentadas y probióticos: ¿cervezas probióticas?» del Grado de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, que resalta la realización de una cerveza fermentada a partir de cepas de Saccharomyces boulardii que permite un aporte de dicho microorganismo en concentraciones muy elevadas en el momento de su consumo y, además, un volumen alcohólico inferior a las cervezas fermentadas por Saccharomyces cerevisiae, la cepa tradicional de esta bebida.
El papel de las cervezas ácidas
Pese a que se trata de un campo aún en investigación, los estudios apuntan que los estilos ácidos, como las Lambic o las Sour, son los más destacados en lo referente a probióticos debido a su proceso de fermentación.
En un estudio previo a la pandemia sobre la diversidad microbial de las cervezas de fermentación espontáneas lámbicas, se hallaron e identificaron más de 2000 bacterias y levaduras algunas de las cuales se han relacionados con la mejora de los niveles de estrés en el cuerpo humano.
Investigadores de la Universidad Nacional de Singapur, trabajaron en una cerveza ácida «buena para el intestino» gracias a una cepa probiótica que, según los científicos, podía neutralizar toxinas y virus y regular el sistema inmunológico.
Esto sirvió de base para que en 2022, Probicient, Origgin Ventures y Brewerkz, la cervecería artesanal más antigua de Singapur, unieran fuerzas para lanzar la primera cerveza probiótica del mundo con un contenido alcohólico estándar de 4,5% y una alta concentración de lactobacillus paracasei L26. Según algunas publicaciones, la alianza empresarial y académica ha seguido avanzando en un repertorio variado de «cervezas probióticas con aromas y sabores únicos».
En España, Bioithas, una startup valenciana vinculada al Parque Científico de Alicante (PCA), accedió a financiación de la Agencia Valenciana de Innovación (AVI) para trabajar en el proyecto ‘Desarrollo de probióticos y productos de valor añadido a partir de residuos de la fabricación de la cerveza’. El doctor Vicente Navarro, CEO de la empresa, destacaba en una entrevista a este medio los beneficios del bagazo de la cerveza por su contenido en probióticos y su potencialidad frente a posibles enfermedades.



