La cerveza es la bebida por excelencia de los checos, que presumen de elaborar la mejor del mundo y tienen la mayor marca de consumo del planeta

 

Cuando hablamos de países cerveceros es usual que el primero que nos venga a la cabeza sea Alemania. Sin embargo, son sus vecinos de República Checa los que más cerveza consumen de todo el mundo.

Los checos beben entre 150 y 160 litros de cerveza al año, es decir, alrededor de medio litro al día. Los 365 días del año. Una media que se realiza incluyendo a toda la población. De cualquier edad.

 

La cerveza en República Checa, un modo de vida – Loopulo

 

Historia de la cerveza checa

Aunque su antigüedad es mucho mayor, la relación de absoluto amor del país con la cerveza se remonta a la Edad Media, cuando se popularizó la idea de que esta bebida lupulada tenía un poder curativo y quien la tomaba no enfermaba. Si bien no se debía a ningún tipo de magia, lo cierto es que en una época en la que el agua era mayoritariamente insalubre y portaba muchas bacterias, las bebidas fermentadas resultaban ciertamente mucho más sanas para los ciudadanos. Esto la llevó a convertirse en la bebida básica, que se empleaba para cocinar y la tomaba toda la familia, desde los niños a los ancianos.

Por la importancia que tuvo en aquel tiempo, y por el protagonismo que mantiene actualmente en el día a día de los hogares checos, la cerveza es conocida popularmente en el país como “pan líquido”.

Respecto a la calidad, las cervezas checas tienen un sabor único e inconfundible, y destacan por su color dorado, cuerpo suave y su gusto ligeramente amargo.

 

La primera escuela de cerveceros

Según los expertos, la clave de la excelencia de esta birra es su larga tradición elaboradora, que les ha permitido pulir la técnica hasta la práctica perfección. No en vano, la primera escuela de cerveceros en el mundo surgió en Bohemia a finales del siglo XVIII. Asimismo, desde 1816 se imparten en el país cursos superiores especializados de cocción de cerveza, y desde 1868 existen escuelas medias profesionales que forman especialistas para las cervecerías checas.

Además, no se trata de un orgullo nacional injustificado, la cerveza checa está protegida por la marca de denominación geográfica de la Unión Europea.

Por todo ello no es de extrañar que, para defender su título de los mejores cerveceros del mundo, los checos cuenten esta divertida anécdota:

«Llegan a un bar los representantes de Guinness, Anheuser-Busch y Pilsner Urquell. El representante de la marca Guinness pide al camarero Guinness porque se produce de ingredientes cuidadosamente seleccionados. El representante de Anheuser-Busch encarga la cerveza Bud porque se produce según la única receta correcta. El representante de la marca checa Pilsner Urquell pide Coca-Cola. Al ver que sus colegas le miran extrañados, explica: si ustedes no toman cerveza, pues yo tampoco.»

 

Cervezas con nombre propio

Por todo el país podemos encontrar centenares de marcas regionales elaboradas tanto en grandes como en pequeñas cerveceras. Se estima que en la actualidad existen en República Checa más de 250 marcas comerciales, y más 1000 micro cervecerías.

Aunque prácticamente en cada ciudad es posible encontrar diferentes fábricas y firmas, lo cierto es que la ciudad de Pilsen es un nombre propio en el universo cervecero del país y de todo el mundo. En ella se fabrica una de las cervezas nacionales por excelencia, la Pilsner Urquell (Plzeňský Prazdroj), cuya relevancia es tal que dio el nombre al tipo de cerveza pilsener, hoy difundido por todo el planeta.

Se trata de una cerveza clara, ligera, suave, refrescante, de baja fermentación y a la que no infiltran CO2. Esto, unido a su baja graduación alcohólica, de solo 4,4%, la convierten en la opción ideal para disfrutar de la birra sin excesos de ningún tipo.

 

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Budweiser Budvar, la Budweiser original

Otra marca de referencia en el país checo es sin duda Budweiser Budvar. Esta cerveza de color amarillo dorado, con fuerte sabor a malta y amargor entre débil y medio es “la Budweiser original“. Según la firma, ya se consumía en el siglo XVI en la corte del Fernando I de Habsburgo, rey de Bohemia y de Hungría y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. De ahí viene su lema beer of kings,  es decir, cerveza de reyes.

El litigio de esta cerveza con su ‘tocaya’ americana se remonta a 1880 y, aunque está probada su originalidad, el error de los checos fue no registrar su marca, algo que sí hizo Adolphus Busch. Sin embargo, a lo largo de estos años la justicia no ha dado la razón en exclusiva a ninguna de las partes.

 

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Budweiser y Czechvar

De este modo, hoy en día en algunos países de Europa como Reino Unido, Grecia, Portugal o Suecia, la empresa checa tiene el derecho a usar la marca ‘Budweiser’ mientras que la multinacional americana AB InBev tiene que comercializar su cerveza como ‘Bud’.

Sin embargo, en España, Estados Unidos o Canadá, la americana AB InBev tiene derecho a comercializar su bebida bajo la marca Budweiser, mientras que la checa lo hace como Czechvar.

«La vida es amarga, gracias a Dios»

Otras cervezas checas

Otras cervezas checas muy conocidas son Staropramen, Starobrno; Krušovice; y Radegast, también rubia, pero de sabor más fuerte, intenso y amargo. Esta última característica es la que define a esta cerveza, que debe su nombre al dios eslavo Radegast y cuyo eslogan es «La vida es amarga, gracias a Dios». Así sea.

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La cerveza es la bebida checa por excelencia. Los chechos presumen de elaborar la mejor del mundo y tienen la mayor marca de consumo de todo el planeta.
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