Historia de la cerveza en España: de los orígenes a la revolución craft

por | Arriaca, Extra, Historia

Pese a que la tradición de consumo de esta bebida es relativamente joven, su trayectoria está jalonada de hitos que nos llevan hasta la revolución craft que vivimos en la actualidad

 

Historia de la cerveza en España

En la actualidad podemos decir sin equivocarnos que España es un país cervecero. Esta afirmación queda patente analizando los datos de consumo elaborados por la web Expensivity, que nos sitúan en la segunda posición del ranking europeo con 417 latas anuales por persona y solo superados por República Checa.

A pesar de ello, la tradición cervecera española es relativamente joven, ya que hasta el siglo pasado su consumo seguía siendo muy minoritario frente a otras bebidas como el vino o los licores.

 

Las primeras cervezas de la historia

Hay que tener en cuenta que la cerveza es una bebida que ha acompañado al ser humano durante buena parte de su historia. Los primeros restos de fermentación alcohólica de cereales se remontan a la Prehistoria. No obstante, se considera que fueron los sumerios, pueblo que habitaba la antigua Mesopotamia, quienes la inventaron con una composición similar a la que conocemos ahora entre los años 6.000 y 4.000 a.C. Este destilado, denominado ‘siraku’, se elaboraba de manera casera cociendo pan en agua, y era considerada una bebida que ponía «alegre a la gente».

Paralelamente también se han encontrado productos similares en muchas tierras como las palestinas, iraníes, egipcias o griegas, donde llamaron al néctar ‘cervicia’ o ‘cerevicia’, en honor a Ceres, diosa de la agricultura, dando lugar a su nombre actual.

 

Historia de la cerveza en España: de los orígenes a la revolución craft - Loopulo

 

En España, los inicios de la cerveza se remontan a los siglos IV y III antes de Cristo, en la época de los pueblos íberos, que la denominaban ‘caelia‘ y la consumían de manera habitual. Se trataba de un líquido fermentado con base de cebada y trigo y una fuerte graduación alcohólica. También se han encontrado en excavaciones vasijas que parecen apuntar a la presencia de esta bebida muchos años antes.

 

Bebida de bárbaros, bebida de nobles 

Sea como fuere, lo cierto es que durante la época romana comenzó el declive de producción y consumo cervecero. Hay que partir de que este pueblo consideraba la cerveza como «una bebida de bárbaros». La frontera natural del Imperio Romano, delimitada por el Rin y el Danubio, era la separación imaginaria entre los pueblos vinícolas del sur y los cerveceros del norte.

Así, las propias costumbres romanas; el clima mediterráneo, que facilitaba el cultivo de la vid; junto a la posibilidad de una mejor conservación a las temperaturas propias de la península, provocaron que la producción de cerveza fuese relegándose a lo anecdótico. Una situación que se mantuvo cuando llegaron otros, aunque nunca llegó a desaparecer su consumo.

La historia comienza a cambiar con la llegada de los Austrias a la corte española. Como explican desde Bon Viveur, la cerveza cambió de estatus, dejó de ser una bebida de pueblos incivilizados y clases bajas para convertirse poco a poco en la bebida de la nobleza. En esto tuvo un papel fundamental que tanto Felipe I como su hijo Carlos I habían nacido en Flandes, por lo que estaban habituados a esta bebida que mantuvieron con su reinado español. Carlos I, conocido según los historiadores como ‘el emperador cervecero’, comenzó a importar cervezas belgas e incluso trajo dos maestros cerveceros para que elaboraran para él. Esta afición le acompañó hasta el final de sus días, cuando se retiró al monasterio de Yuste y ordenó a uno de estos artesanos birreros, Enrique Vander Duysen, que instalara una fábrica en esta localización para consumo privado de su majestad. También se dice que durante su reinado instaló otra factoría a orillas del Manzanares, que posteriormente sería la que trasladaran a Yuste.

 

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No obstante, la producción de esta bebida se mantuvo con nuevos altibajos hasta el siglo XIX, cuando tuvo lugar la industrialización de esta bebida y la aparición de las primeras marcas comerciales. Muchas de estas compañías fueron creadas por inmigrantes de otros países con mayor tradición cervecera procedentes del sector de la producción de frío y la fabricación de hielo, ya que los sistemas de producción estaban muy relacionados.

A partir de este momento empezaron a surgir nuevas fábricas poco a poco y se creó la Asociación de Fabricantes de Cervezas de España.

 

La cerveza que quedó tras la guerra

Este ciclo expansivo terminó con la Guerra Civil, que no solamente afectó a la producción de cerveza, sino a la propiedad de las factorías, ya que muchas de ellas fueron requisadas y cambiaron de dueños.

A pesar de todo ello, la peor etapa llegaría tras el conflicto armado ya que, aunque la propiedad de las fábricas volvió a sus antiguos propietarios, la ruina del país y la autarquía impuesta por la dictadura de Franco hizo que la distribución de ingredientes básicos como la cebada o el lúpulo se viera interrumpida, obligando reducir o parar la producción, que cayó un 40% en la primera década de la posguerra.

No fue hasta 1960 cuando el sector volvió a reactivarse, motivado por el desarrollismo y la apertura. A partir de ese momento las mejoras tecnológicas en el envasado automático, el auge del turismo y la llegada de las grandes marcas propiciaron el despegue de la cerveza en nuestro país, que en los últimos años ha experimentado una segunda revolución con la llegada de las artesanas.

 

La revolución craft

En este sentido cabe destacar que, si en 2008 España contaba con alrededor de 20 cerveceras artesanas, hoy hay alrededor de 500 que producen más de 40 millones de litros anuales y están presentes en hostelería, establecimientos especializados e incluso cadenas de gran distribución.

En este auge ha sido fundamental el comienzo de envasado en lata, una innovación que incorporó Arriaca y que actualmente es la tendencia del sector craft.

 

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Así, la cervecera arriacense se convirtió en 2016 en la primera craft española en apostar por este modo de envasado para sus cervezas. Como explican desde la empresa, la decisión se tomó tras analizar la situación en otros países del mundo, especialmente Estados Unidos. A esto se sumó la confianza en el envase por parte de los responsables ya que, pese a su connotación asociada de producto popular y no especialmente de calidad, lo cierto es que la lata es el recipiente ideal para conservar las cervezas artesanas, característicamente más lupuladas, a las que protege de la luz y la oxidación, enemigos naturales del producto. Eso, sumado a los beneficios logísticos y a la sostenibilidad, hicieron a la cervecera arriesgarse.

Gracias a esta apuesta, Arriaca se convirtió en la empresa con la tirada de latas más pequeña en la historia de la gran industria de la fabricación de estos envases con un pedido de 100.000 unidades cuando lo habitual en la distribuidora Ball Corporation con la que trabaja la cervecera era de medio millón de unidades.

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