10 mitos cerveceros que debemos desterrar de inmediato

por | Arriaca, Cultura Cervecera, Extra

Con el fin de conseguir borrarlas definitivamente de la mente de los consumidores, hemos recopilado algunas de las afirmaciones más frecuentes y desacertadas que solemos escuchar sobre la birra

 

De barriga cervecera a aperitivo, diez mitos cerveceros que debemos desterrar

Bien sea por creencias populares o por los numerosos estudios que se dicen y desdicen periódicamente, la cerveza siempre ha estado acompañada de mitos más o menos asentados en el imaginario colectivo.

Algunos de estos mitos cerveceros son ancestrales. Otros se han incorporado con las situaciones vividas en los últimos meses.

En cualquier caso, los mitos son por definición narraciones maravillosas, por lo que con frecuencia no se corresponden con la realidad. Por eso vamos a desmontar algunos de los mitos cerveceros más recurrentes.

 

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1. El alcohol de la cerveza combate el COVID-19

Ojalá fuera cierto, pero nos tememos que no. Lo cierto es que en estos tiempos turbulentos e inciertos circulan muchas historias sobre el COVID-19. Una de ellas relaciona la lucha contra el virus al consumo de alcohol. Para rebatir esta “ocurrente” teoría, la OMS ha publicado un informe que desacredita el mito. Ni la lejía de Trump ni una birra, por buena que esté, nos va a proteger de este indeseable.

Como apuntan desde la organización, el alcohol (con una concentración mínima del 60%) actúa como un agente desinfectante en la piel, por eso se aplica principalmente en las manos, la parte del cuerpo más expuesta a tocar superficies que pueden estar infectadas. Pero beber alcohol no mata el virus en el cuerpo.

Además, la Organización Mundial de la Salud recuerda en este trabajo que el consumo de alcohol no estimula la inmunidad y la resistencia a los virus. De hecho, puede provocar el efecto contrario si es excesivo.

 

2. La barriga cervecera

Un clásico popular que, no obstante, no es cierto.

Múltiples estudios científicos elaborados por instituciones de todo el mundo resuelven que no hay nada específico en la cerveza que produzca «gordura abdominal». Las calorías que engordan provienen del alcohol en sí, y su transformación en grasa no tiene por qué localizarse en ninguna área anatómica específica.

Lo cierto es que, cuando se bebe generosamente, se da mucho «trabajo extra» al hígado, que debe concentrarse en quemar el alcohol y eliminar sus toxinas. Esto provoca que, como explica el divulgador científico de la BBC Greg Foot, «deje pasar» otros alimentos que se puedan estar ingiriendo, como aperitivos o patatas fritas.

Respecto a la zona en la que se concentra, dependerá principalmente de la edad y del género. A partir de los 35 años el metabolismo se va ralentizando y es más complicado quemar las calorías. Estos excedentes se acumulan principalmente en caderas, muslos y trasero, en el caso de las mujeres, y alrededor de la cintura en el de los hombres.

 

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3. La cerveza siempre se sirve fría

Esta idea equivocada está relacionada con el concepto de la cerveza como «refresco», pero nada más lejos de la realidad.

La temperatura debe ir en función al estilo que se vaya a tomar. Esto se debe a la necesidad de realzar ciertos sabores y matices. Además, las cervezas tibias conservan mucho mejor sus propiedades organolépticas, ya que el frío provoca que las papilas gustativas tiendan a «atrofiarse».

En términos generales, estas son las temperaturas a las que debe consumirse una cerveza según su estilo:

  • Lager: de 2 a 4°C
  • Pilsner y Kölsch: 4–7°C
  • IPA, Pale Ale, Porter y Stout: 7–10°C
  • Ale y Bock: 10–13°C
  • Imperial Stout y Doppelbock: 13–16°C

 

Otro error frecuente es tomar la cerveza con el vaso congelado ya que, además de matar los sabores como hemos indicado, puede conservar olores del refrigerador, alterando desagradablemente el resultado final.

 

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4. La botella es mejor que la lata

Todavía es frecuente escuchar que la botella conserva el sabor mejor que la lata, a la que muchos atribuyen un matiz metálico. Pero no es cierto.

Como hemos dicho en otras ocasiones, existen tres elementos que pueden arruinar una cerveza: el calor, el oxígeno y la luz. Mientras la bebida esté almacenada correctamente, botellas y latas son igual de efectivas como recipientes en lo referente al oxígeno y el calor. Sin embargo, para evitar la incidencia de la luz, las latas ganan.

La luz ultravioleta puede penetrar las botellas de vidrio, y el contacto directo con ésta puede alterar el aroma de la cerveza. Lo opaco de la lata evita que la bebida entre en contacto con la luz, por lo que conserva su sabor original.

Respecto al regusto «metálico», en la actualidad estos envases están recubiertos por muchos polímeros, lo que evita que la cerveza entre en contacto directo con el metal. Y no solo eso, la industria que trabaja este metal ha intensificado esfuerzos en los últimos años para reducir la huella de carbono, consiguiendo con ello envases más sostenibles.

Por ello no es de extrañar que su mala imagen haya quedado obsoleta y la práctica totalidad de las empresas del sector presenten sus productos también en lata. Y no nos referimos solo a las industriales, en nuestro país Arriaca se convirtió en 2016 en la primera cervecera artesanal en comercializar sus productos en lata con un éxito tremendo que ha provocado que la iniciativa haya sido seguida por numerosas crafts desde entonces.

En cualquier caso, con independencia del envase que se elija, lo más recomendable es tomar la cerveza en vaso, ya que es la mejor forma de percibir todas las propiedades de esta bebida.

Y aunque podría considerarse otro mito aparte, aprovechamos para recordar que no todos los vasos o copas sirven para todas las birras. La cristalería debe seleccionarse dependiendo del estilo para ayudar a identificar los colores, sabores y aromas. No en vano, algunas cervezas tienen su propia copa para garantizar el correcto servicio.

 

5. Las «Ale» son oscuras y las «Lager» son doradas

El color de una cerveza no depende del estilo, sino del tipo de malta utilizada, si es más o menos tostada.

Como explican los compañeros de Mucha Gula, «existen gran variedad de maltas en función al grado de tostado, desde una malta pilsner utilizada para tipo Lager estilo pilsner, a una malta chocolate para elaborar una tipo Ale estilo porter o la stout». Por su parte, la diferenciación entre «Ale» y «Lager» depende del tipo de fermentación.

 

6. Los aditivos como el zumo privan a la cerveza de su verdadero carácter

Aún hay consumidores que aseguran que las cervezas con sabores o aditivos «son menos cerveza». Al estilo de la paella versus el arroz con cosas. Pero la realidad es que son variantes tan lícitas como interesantes.

A no ser que estemos hablando de la ‘Ley de pureza’ de la cerveza alemana, que es un rasgo identificatorio propio, desde hace siglos se elaboran birras de frutas, como las lámbicas, o con elementos diversos que han recibido el reconocimiento de los líderes del sector, aumentando así la diversidad del mundo cervecero.

Cabe recordar que la cerveza es una de las bebidas más versátiles en lo referente a los ingredientes de fabricación. Esto permite dar a los maestros vía libre para experimentar tanto como lo deseen sin que los resultados dejen de ser «cerveza cerveza».

 

7. Alta graduación para los hombres y suaves para las mujeres

Perezaaaaaaaa. Estamos en 2020, ¿podemos superar estas bobadas ya?

No hay cervezas de hombres ni de mujeres, porque los gustos simplemente no están relacionados con el género. Ni siquiera una persona tiene que limitarse siempre al mismo estilo de bebida. Hay una cerveza para cada momento y siempre se pueden y deben probar sabores nuevos.

Como explicó la maestra cervecera y jueza internacional Silvia de Tomás: «No hay un tipo de cerveza para mujeres. No tenemos diferentes papilas gustativas. No hay mayor error que pensar que las amargas son para chicos y las suaves para chicas. Yo soy mujer y me encantan las IPAs o las Imperial Stout, y también me gustan las Sour. Aquí en Perú había una cervecería que hacía cerveza para mujeres, ligerita, baja de cuerpo… y quebró».

La misma opinión tiene Judit Cartex, maestra cervecera de Garage Beer Co. «Durante un tiempo las mujeres más reivindicativas han bebido cervezas muy fuertes porque, como tenemos que hacer el doble para conseguir la mitad, parecía que así eres más cervecera. Pero es una tontería. Personalmente busco cervezas con pocos grados porque como consumo tanta, beber cervezas muy alcohólicas me limita físicamente. Pero todo depende del momento, no es una cuestión de género».

Gracias.

 

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8. No es apta para el maridaje

Pese a que el maridaje del vino con la comida está más que asentado, la cerveza ha estado relegada durante muchos años a acompañar, máximo, el aperitivo previo al verdadero menú.

Esto, afortunadamente, cada vez está más superado. La cerveza es perfecta para maridar, no solo con los platos principales, también con los postres. Y muchos restaurantes de prestigio como el neoyorkino Luksus, que aunque actualmente se encuentre cerrado ganó una estrella Michelin, la han incluido en sus propuestas.

Aunque todo se trata de probar y buscar las mejores combinaciones, en el caso de la cerveza, existen una serie de maridajes más o menos efectivos para cada estilo, siempre teniendo en cuenta sus características.

Los estilos ácidos como las lámbicas van genial con carnes y alimentos grasos como el pate; las IPA realzan la experiencia de sabor cuando las degustamos con platos picantes o marisco; mientras que las negras como Porter o Stout intensifican su carácter acafetado combinadas con chocolate u otros dulces.

Y a los que aún dudéis de la capacidad de la cerveza en este juego gastronómico os proponemos, por ejemplo, que probéis la Centeno de Arriaca, una Rye India Pale Lager de interesantes matices especiados y aroma a naranjas, con una tabla de quesos y patés acompañada de frutos secos. De nada.

 

9. Las cervezas sin alcohol están malas

En primer lugar, no es posible hacer cerveza que no tenga nada de alcohol. La cerveza es una bebida fermentada compuesta por agua, malta, lúpulo y levadura, un ingrediente imprescindible responsable de la fermentación alcohólica, sin fermentación no hay cerveza. Y la fermentación deja siempre un rastro de alcohol.

Lo que pasa es que algunas tienen cantidades tan bajas que resulta casi anecdótico.

Según la normativa, y respecto al contenido de alcohol tenemos tres tipos de cerveza: ‘0,0’, que lleva entre un 0,01 % y un 0,07 %; ‘sin alcohol’, cuyo volumen debe ser menor del 0,9 %; y ‘normales’, con más del 0,9 % de volumen de alcohol.

En cualquier caso, la cerveza sin alcohol ha sido históricamente ninguneada, acusada de insípida, imbebible o para gente a la que no le gusta la cerveza. Sin embargo, en los últimos años esto ha cambiado notablemente y en la actualidad hay birras ‘sin’ realmente buenas. Esto las hace perfectas no solo para aquellas personas que tengan restricciones médicas o miedo a dar positivo en un control de alcoholemia, sino para quienes quieran disfrutarlas por verdadero placer.

 

10. Las cervezas artesanales se preparan de manera rudimentaria

Aunque lo cierto es que hay cierto vaivén de términos que pueden ser confusos, la denominación de cervecería artesanal ha sido asignada por la Brewers Association de Estados Unidos a las fábricas que cumplen tres principios básicos: su producción no debe rebasar los 6 millones de barriles al año; debe mantenerse independiente de las grandes cerveceras industriales, o en caso de tener alguna inversión de ellas, no puede rebasar el 25 %; los ingredientes que se usan para la producción de la cerveza deben mantenerse en lo mayor posible con los tradicionales como lo son granos como la cebada, lúpulo, levadura y agua.

Esto, por supuesto, hace que no estén exentas de maquinaria tecnológica, equipamiento adaptado o las últimas medidas de seguridad. Porque artesanal o craft no implica que estén hechas en un garaje con un cubo y una paleta.

 

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